¿Cómo se encuentra la salud de las inversiones?.- por Fernando Borrajo, profesor del Área de Fusiones y Adquisiciones en el Máster en Dirección Financiera

06 de mayo de 2019

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Las inversiones y operaciones empresariales se encuentran en un momento de encrucijada, con múltiples retos estratégicos que afrontar. Los acontecimientos recientes no son más que el reflejo de un enorme cambio estructural, posiblemente el mayor en siglos.

Este cambio estructural provoca la ralentización económica en las primeras economías a medio-largo plazo, con tasas de interés y de rendimientos del capital casi nulos, dificultad de inversión en los conocidos sectores tradicionales, y la necesidad de migrar inversiones hacia economías con un mayor potencial pero de sensible mayor riesgo.

Desde el punto de vista del entorno estratégico, la disrupción proviene de la crisis sistémica, de la influencia de la tecnología, de la transformación global, de la transformación social, y de la crisis medioambiental. Esta disrupción y volatilidad, también llamado entorno VUCA, es la que transforma la manera de invertir, del porfolio management y del asset allocation, la gestión de las carteras y la diversificación de los negocios e inversiones.

La crisis de las estructuras del sistema económico y social se hacen más evidentes tras la caída de los modelos económicos basados en una fuerte intervención estatal, que evoluciona a modelos de liberalismo económico y de los modelos de pensamiento económico único. En el escenario global, los retos geoestratégicos apuntan a la necesidad de que Asia, África, Oriente Medio y los BRICS, modifiquen y se integren en el poder y en las políticas de los organismos supranacionales creados en el siglo XX, todavía con una visión de guerra fría.

Las tensiones bélicas y la guerra híbrida resultantes no hacen ningún bien a la economía y a las inversiones, incrementando la volatilidad. Los organismos económicos y la estructura social están rotos: los partidos e ideologías políticas, los bancos centrales, la UE, el FMI, OMC, el Banco Mundial, las influencias y nuevas influencias postcoloniales, los neonacionalismos… son solo una muestra de la caída reputacional y de la crisis sistémica.


 

La sociedad es la causa y el efecto de estas realidades. El incremento de las clases medias producido por la convergencia de la globalización, en tan solo diez años ha pasado del 20% al 40% sobre el total de la población mundial, y puede llegar al 75% en el año 2030. Esta nueva clase media está radicada principalmente en las economías emergentes, que son el foco de las nuevas inversiones, pues su convergencia económica se traduce en mayor renta y en comportamientos de consumo similares al de los consumidores de las primeras economías.

Pero esta prosperidad de los nuevos consumidores de los nuevos países objetivo, contrasta con el estancamiento de la renta y de los salarios de las rentas medias de los países de las economías más avanzadas, sobre todo de Europa. Además, la distancia económica respecto a las clases más altas se amplía, lo que lleva a que la capacidad adquisitiva de los consumidores, aunque haya subido, les haga más difícil acometer los gastos de la vida diaria. Eso convierte a las nuevas generaciones de consumidores, la Y y la Z, en las primeras que vivirán peor que sus progenitores.

El resultado está a la vista en las primeras economías, como la de España: fractura social y generacional, con el triunfo de las opciones políticas más radicales, incremento del nacionalismo, culpabilizar al extranjero de los problemas del mercado laboral, y la bajísima natalidad que hace tambalear el futuro de la estructura social y de las pensiones. Y en las zonas geográficas emergentes se manifiesta en el malestar social por el conocimiento de los desequilibrios de rentas en el mundo, lucha contra los sistemas políticos y religiosos más controladores, y el mayor desequilibrio social sin capacidad de los estados de absorber los problemas sociales.

Por último, pero el aspecto más transformador en cuanto inversiones, tenemos la transformación tecnológica. A finales de los 90 aparecieron dos sectores que lo han modificado todo: el de las .com y el de las genomics. La incorporación de la internet comercial y el desarrollo de la genética llevaron a la creación de un mercado financiero separado de los valores tradicionales, concentrados en el NASDAQ en USA y los Nuevos Mercados en Europa.


 

Los llamados valores chicharro, altamente volátiles y especulativos, han pasado a ser las empresas más grandes del mundo, que tienen ahora un comportamiento más seguro que los sectores más tradicionales, los refugio. De hecho, los valores chicharro han pasado a refugio, y los valores refugio han pasado a valores chicharro. El sector financiero, las energías y utilities tradicionales, están en una transformación y reestructuración disruptiva.

El futuro lleva a los nuevos sectores y economías, en los que por primera vez en la historia se realizan estrategias sobre tecnologías todavía no desarrolladas. Los nuevos sectores son los relacionados con la transformación digital de los negocios (TMT), el sector amplio biotech y de la salud, las energías limpias y los que solucionen el cambio climático, el sector nanotech, y los sectores relacionados como el de la logística y los servicios profesionales relacionados con los anteriores.

Por último, se imponen los modelos de negocio de economía colaborativa (Share), economías limpias (Circular, Blue, White,..), que modifican los sectores tradicionales hacia la industria y agricultura 4.0, tercerización económica, incorporación de la sostenibilidad en negocios e inversiones. En definitiva, disrupción en las inversiones con nuevos especialistas.  

Conoce más sobre el programa en el que Fernando Borrajo participa: